PUBLICADO EN FACEBOOK – MARTES 11 DE FEBRERO, 2020 – 6:00 A. M.

Hola a todos, este martes les comparto un artículo que nos habla de 14 MANERAS SENCILLAS DE CREAR CONFIANZA EN LOS HIJOS, entre ellos, tenemos que es importante entrar en su mundo, consultarles cosas, ser honestos, dedicarle tiempo, saber pedir perdón, escuchar no oír, paciencia, cumplir lo que prometemos, entre otros. La confianza no se impone, se inspira, lleva tiempo y es la clave para entrar en el mundo de tu hijo.

14 MANERAS SENCILLAS DE CREAR CONFIANZA EN LOS HIJOS


Por Angel | Fecha: 11 Febrero 2020

Se puede armonizar perfectamente la autoridad paterna, que la misma educación requiere, con un sentimiento de amistad, que exige ponerse de alguna manera al mismo nivel de los hijos. Los chicos —aun los que parecen más díscolos y despegados— desean siempre ese acercamiento, esa camaradería, con sus padres. La clave suele estar en la confianza: que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que no den jamás la impresión de que desconfían, que den libertad y que enseñen a administrarla con responsabilidad personal. Es preferible que se dejen engañar alguna vez, la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se avergüencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si ven que no se confía en ellos, se sentirán movidos a engañar siempre.

Como se ve sin confianza no podemos educar y además no hay recetas mágicas sino sentido común y ganas de darse a los hijos. La confianza no se impone, se inspira. Y sólo puede inspirarse en un ambiente hogareño, familiar, alegre… La confianza es cuestión de tiempo y es la clave para entrar en el mundo de tu hijo. Sólo podemos conocer a alguien cuando “gastamos tiempo” en convivir con ese alguien.

  1. Entrar en su mundo

    Si nos tomamos en serio a los hijos, ¿por qué no entrar en su mundo y verlo con sus ojos? Esto no significa que nos identifiquemos con él, sencillamente es como si nos “metiéramos en sus zapatos” y ver el mundo desde ahí. En ocasiones esto puede modificarnos, no sólo la idea que teníamos del niño, sino incluso del mundo que vivíamos desde nuestra perspectiva. Este ejercicio es muy rico en consecuencias, si para él un determinado asunto en el recreo o con un profesor o con un compañero o con cualquier otro tema, es muy importante se sentirá no sólo escuchado sino comprendido, atendido. Es un asunto tan importante como para ti un tema profesional con tu jefe o con tu Director General ¡igual de importante! Y no hay que decir que cuando nosotros tenemos un tema de esa índole y decidimos contárselo a nuestro marido o a nuestra mujer, siempre esperamos de la otra parte mucha atención e interés e incluso pocas interrupciones. A nuestros hijos les ocurre igual. Esto se verá reforzado si compartís juegos, aficiones, etc.

  2. Consultarles cosas

    De vez en cuando, igual que hacen ellos consúltales cosas, a solas, relacionadas con tu trabajo o con algunas decisiones que tienes que tomar, te sorprenderá su juicio y su discreción. Lo entenderán como una confidencia, que como sabes es la base toda buena amistad. Da un poco de reparo hacerles participes de ciertas cosas porque pensamos que ellos no se van a enterar de lo que les dices y será una pérdida de tiempo. Pídeles su juicio y consejo, sinceramente, sobre un determinado asunto. Hombre, ellos no son expertos es verdad, pero no son tontos, te sorprenderán con sus respuestas y en ocasiones serán soluciones muy creativas, a las que tu solo o con otro adulto, no hubieras llegado nunca. Esto os ayuda recíprocamente a conoceros y valoraros mejor, con toda seguridad a tus hijos les apetecerá hacer lo mismo pasados unos días. Es buen test saber si nos consultan cosas con frecuencia, o cuanto tiempo lleva sin hacerlo, no esperemos a que se decidan ¡adelante tú!

  3. Pensar siempre que es responsable

    Si siempre piensas que es responsable, responderá mejor con su libertad que si les manifiestas desconfianza. Además, como le ocurre a la confianza la desconfianza se nota, se percibe si hay o no complicidad, proximidad, en una palabra, que no te fías de ellos. Siempre es mejor correr el riesgo de que en algún momento nos puedan engañar, a que piensen que sus padres no se fían de ellos. Cuando un hijo nos cuenta algo tiene que tener más credibilidad que un acta notarial para nosotros. La confianza genera confianza. En esto no hay término medio o le das credibilidad o no se la das, es decir, dicho un poco simplificadamente, si no te fías, puedes acabar convirtiéndote en un policía de tus hijos, y se puede acabar por curiosear en sus pantalones, agendas, etc. ¡Verdad que produce bochorno con tan sólo pensarlo!

  1. Honestidad en las repuestas a sus preguntas

    Algunas veces para quitarnos un problema, ante la insistencia de nuestros hijos sobre algún asunto determinado, le decimos que cumpliremos sus deseos más adelante, pero sin estar seguros si podremos hacerlo y, otras veces, estando seguros de que no podremos. Esto termina minando la confianza que nuestros hijos tenían depositada en nosotros. En otros momentos sentimos miedo a la verdad o a decir lo que pensamos, ellos ya saben como piensas, aunque cueste es siempre mejor tener la valentía de decir lo que pensamos. Y si tenemos dudas, manifestar nuestras dudas también, es honesto.

  1. Tener una cierta intimidad con cada hijo

    10 minutos cada 15 días no es mucho y sin embargo es muy difícil de vivirlo. ¿Podemos contestar así de repente qué le preocupa ahora a cada hijo nuestro? Haz la prueba con uno de ellos, escribe en un papel qué crees que le preocupa en este momento y después pregúntale. Hazlo de manera natural, pero que podáis estar a solas y podáis disfrutar de una cierta intimidad. Y después contrasta el resultado. ¡Es muy interesante!

  2. Saber pedir perdón

    Si sabemos que no acertamos siempre, o si no les hemos prestado atención o sencillamente no les hemos respetado ¿por qué no pedirles perdón? Cuando eso nos hace un gran bien a nosotros y a ellos. Además, refuerza nuestra autoridad e influencia con nuestros hijos. En ocasiones guiados por un enfado podemos excedernos, en otras puede ser porque sencillamente nos equivocamos en un juicio sobre algo etc. En la familia como bien sabemos aprendemos todos.

    En otras ocasiones cuando les corregimos quizá (no sin motivo) le chillamos o no les respetamos, entonces hay que pedirles perdón por chillarles, aunque naturalmente mantengamos el castigo.

  3. Escuchar no oír

    Ya sabemos que quién sabe escuchar sabe comunicar. Oír consiste más o menos en captar las vibraciones de sonido. Escuchar es dar sentido a lo que oímos, es un acto de la voluntad. En otras palabras, para escuchar hay que saber pararse, detenerse, dominarse. Requiere práctica y no es fácil. No interrumpir es una buena manera de empezar. Interrumpir, en ocasiones, es querer ser el centro de la comunicación y eso de una manera u otra es rechazado por nuestros hijos.

  4. Paciencia

    A veces parece que los niños pequeños tardan una eternidad para decirnos lo que tienen pensado. Como adultos, sentimos la necesidad de acelerar a nuestros hijos, terminando sus oraciones y frases antes que ellos. O nos están empezando a contar algo que no nos gusta, entonces le interrumpimos para corregirles. Si intentas resistir ese impulso y le escuchas pacientemente a nuestros hijos, les permitimos pensar a su propia velocidad, aprenden a expresarse y a que papa o mama te atienden. Tiempos vendrán en la adolescencia en los que deseemos que nos cuenten cosas, de cualquier modo, bien o mal, pero no nos dirán nada. Sin embargo, si aprendieron desde pequeños luego será más fácil dentro de la natural dificultad de la adolescencia.

  1. Coherencia personal

    Cuando estamos con amigos tenemos que ser los mismos que cuando estamos en la intimidad de la familia. Los niños no hacen distingos y les choca cuando actúas de otra manera diferente a la que ellos esperaban de ti.

  2. La confidencia

    La comunicación en un sentido profundo es cuando la persona, por que quiere, se hace “una interioridad abierta”. Cuando uno abre de “par en par” su interioridad, está de alguna manera dejándose habitar por el otro. Entonces se comparte confidencialidad y ésta parece exigir reciprocidad y verdadera sintonía de profundidad. Esta comunicación no se da siempre pero cuando sucede no nos deja indiferentes tiene un cierto poder de cambio, hay un antes y un después de cada confidencia.

  1. Saber corregirles cuando se equivocan

    Tus hijos, después corregirles deben salir con ganas de mejorar, no humillado ni acongojado y asustado. Aunque sea un “caradura” debe salir pensando que confías en él. Tenemos que corregir porque les queremos y porque cuando a alguien que le queremos, le afea algo se lo decimos, sino no le queremos, por abundar más, quien no corrige se convierte en cómplice del error, y en ese caso no deberíamos lamentarnos de los errores y las faltas de nuestros hijos.

  2. Sinceridad

    Para ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad, esto que parece tan sencillo, a veces es lo que más trabajo cuesta. Utilizamos las «mentiras piadosas» en circunstancias que calificamos como de baja importancia, donde pensamos que no pasa nada y claro que pasa, ¡hemos mentido! y cuando nos descubran, aunque sea en una cuestión menor puede ocurrir que pierdan la confianza en nosotros o les enseñemos a mentir. Obviamente, una pequeña mentira, llevará a otra más grande y así sucesivamente… hasta que nos sorprenden y no se fíen de nosotros.

  3. Cumplir lo que prometemos

    Si nos comprometemos en algo con nuestros hijos debemos respetar lo acordado y cumplirlo por pequeño que pueda parecer la promesa. O no hacerla, aunque esto suponga un malestar en nuestro hijo que en ese momento es precisamente lo que queremos evitar. Nuestros hijos tienen que creer en nuestra palabra y fiarse de lo que les decimos. Con eso les estamos educando en la responsabilidad y ser persona de palabra.

  4. Dedicarles tiempo

    Sobre este asunto me limitaré a realizar algunas reflexiones. Es verdad que hoy esto del tiempo es muy difícil. Si nos preguntásemos cuanto tiempo pasamos “despiertos”, (sin contar las horas que estamos dormidos) en casa nos sorprenderíamos, porque probablemente no pase de dos o de tres horas. Y además estamos cansados, aceptemos que o educamos cansados o no educamos, que convivimos cansados o no convivimos y vamos por nuestro hogar pensando en nosotros mismos, nada más fácil cuando uno está que no puede más.

Fuente: Vivir en familia.

* ¿Qué te pareció el artículo?, ¿cómo creas confianza en tu hijo?

Con el gusto de siempre, esta página está dirigida para todos ustedes, que, como yo, están interesados y comprometidos con el mundo de la educación; todas sus participaciones, opiniones y comentarios son muy bien recibidos.

Nos vemos el próximo martes…

Angel


Enlace de referencia: http://www.vivirenfamilia.net/articulo/14-maneras-sencillas-de-crear-confianza-en-los-hijos-2